lunes 29 de junio de 2009

Ser sincer@

(Dedicado expresamente a Blind-y)

Últimamente parece que me está gustando esto de dedicar mis post. Pero es que últimamente nacen inspirados en otras personas, así que considero que no me queda más remedio.

En determinadas épocas de nuestra vida, y supongo que también dependiendo del tipo de persona, es increíble la cantidad de energía mental que empleamos en nuestras relaciones erótico-emocionales, ya sean reales, imaginarias o potenciales. Está claro que esa parte de nuestra vida nos importa, y mucho, en ocasiones hasta nos obsesiona más allá de lo recomendable para nuestra salud mental.

Formas de entender las relaciones hay tantas como personas, y sus épocas. Desde personas claramente predispuestas a la pareja a personas totalmente reacias al compromiso. Todas las opciones son, por supuesto, respetables, aunque personalmente yo prefiero las posturas más intermedias, las que dejan espacio para la espontaneidad. Lo ideal, o mejor dicho, lo fácil, sería que nos relacionáramos con las personas que tienen predisposición, objetivos, o formas de entender las relaciones parecidas a las nuestras, pero desafortunadamente, o quizás porque no complicarnos la vida nos aburriría, no siempre es así.

Llegados a este punto me surge una pregunta, ¿Hasta qué punto es importante ser franco cuando estas conociendo a una persona? Mis vivencias en este terreno me han hecho llegar a la conclusión de que, si bien no me agrada que de buenas a primeras me expongan toda una declaración de intenciones, si considero que llega un momento en que se debe ser sincero en cuanto a la predisposición, tanto con la otra persona como con uno mismo.

Cuando empecé mi historia con Fran, él no tardo mucho en dejarme claro su poca predisposición a una relación. Yo no fui sincera y le hice creer que tampoco era lo que quería. A pesar de que yo me sintiera mal en esa relación, no le puedo culpar a él de nada, pues si yo decía que tampoco quería una relación seria con él, y que estaba bien como estábamos, él tenía todo el derecho a creérselo. Una vez yo fui sincera con él, y le dije lo que sentía, las cosas cambian.

Cuando viví en Holanda, uno de los primeros fines de semana que salí, conocí a un holandés que hablaba español. Richard parecía encantador, tuvimos una noche muy divertida de sexo, se portó como un caballero y quiso seguir viéndome. Volvimos a vernos una segunda vez, por petición suya, y yo encantada. En aquellos momentos, casi recién llegada y sin conocer a nadie en un país extranjero, me venía de lujo su compañía. La idea de una relación seria con él no se me había pasado por la cabeza. En la tercera cita, él tío por lo visto estaba preocupado. Y empezó a hablar, no quería dar lugar a malos entendidos, y me dejó claro que no quería una relación seria conmigo. Que se lo pasaba muy bien, que yo le gustaba pero que no tanto como para tener una relación seria. (Más tarde aprendí que los holandeses son a veces excesivamente claros y bruscos). En un instante todo lo que había visto en él de encantador y de atractivo, se convirtió en todo lo contrario, de repente me caía mal y lo veía blancucho y feo. Creo que se puede ser franco de otra manera, sin resultar desagradable. Así que el holandés perdió la oportunidad de tener una amiguita sexual encantadora que le hubiera enseñado mucho. Yo perdí poco, pues mi vida social mejoró enseguida.

A volver de Holanda conocí al señor desgraciado, y desde el primer momento sentí algo muy especial por él. Me sentía tranquila y fui espontánea en todo, sin ansiedad y sin esconder mis sentimientos. Las cosas parecían fluir bien, empezamos a vernos regularmente, nos escribíamos mensajitos de móvil, y poco a poco empezamos a llamarnos por teléfono casi diariamente. Llegó un momento en que tuve la oportunidad de dejar las cosas más o menos claras, al menos respecto a mí misma. Fue un día que habíamos quedado en que nos veríamos. Le escribí un mensaje para ver como quedábamos y su respuesta fue: “estoy cenando con un amigo, luego te llamo”. A las 12 de la noche recibí un mensaje suyo: “ya estoy en casa, ven cuando quieras”. Me enfadé, mucho, y no le contesté. Al día siguiente, cuando me llamó hable claro con él. Le dije que se estaba equivocando conmigo, que yo no quería ser su “amiguita”, y que una historia en esos términos no me interesaba. Me pidió disculpas, me dijo que me entendía, que no era esa su intención. Yo había esperado que al yo decirle eso él saliera corriendo, pero no lo hizo. Así que la relación siguió fluyendo poco a poco. Yo sentía que cada vez estábamos mejor juntos, él iba superando todas las pruebas y no se asustaba ante posibles señales de relación: (conocer a mis amistades, que mi madre supiera de su existencia, conocer yo a sus amistades, y todo ese tipo de cosas lógicas para los escasos dos meses que llevábamos juntos). Pero llego el día en que el me propuso que tomara la píldora, en varias ocasiones. Yo me lo planteé, pero antes quería asegurarme del tipo de relación que teníamos, al fin y al cabo dejar de usar preservativo con una pareja requiere de confianza, y yo necesitaba saber claramente que estábamos juntos. Después de cómo se habían desarrollado las cosas, yo creía tener clara la respuesta, pero no, su respuesta fue otra, y yo no pude seguir con eso.

Ser sincera en cuanto a lo que siento, conmigo misma y con la otra persona es lo único que me ha dado buenos resultados. Porque no quiero estar con alguien a quien tenga que convencer de quererme, porque no quiero estar con alguien con quien tenga que ir con pies de plomo para que no se asuste y se marche corriendo, porque he decidido que en mi vida solo caben personas especiales y que me quieran tal y como soy. Por eso ahora, cuando alguien me interesa de verdad, me quito la careta, es la mejor forma de que el otro también se la quite.

jueves 18 de junio de 2009

Revolución sexual

(Dedicado expresamente a Undermind)

Antes de empezar con mi exposición de lo que espero sean unas interesantes reflexiones sobre nuestras relaciones sexuales, me gustaría matizar que no estoy en absoluto de acuerdo en cuanto que el feminismo es similar al machismo. El feminismo como ideología nace allá por los comienzos del siglo XIX, y ha sido gracias a la lucha feminista que se han conseguido avances sobre cuestiones que hoy consideramos lógicas, como el sufragio femenino, o que se considere la violación como delito mayor. El machismo, que yo sepa, no ha logrado nada bueno. El problema radica, en mi opinión, en que demasiadas mujeres han utilizado el término y las reivindicaciones feministas como una especie de “venganza” o “lucha” en contra de los hombres, cuando en su base no es así. Nunca he leído textos serios sobre feminismo en los que se expresen ideas que pudieran tener similitud con el machismo o que supusieran un intento de controlar u oprimir al hombre. Precisamente, tengo una muy buena amiga y una tía que se confiesan feministas, son de las comprometidas, las que participan, y son precisamente quienes más comprensión y más igualdad de responsabilidades presentan en sus relaciones afectivas con ellos.

Os animo a visitar los siguientes enlaces y echar un vistazo.

http://www.fmujeresprogresistas.org/feminismos.htm

Tres el inciso entremos en materia. El modelo de relaciones sentimentales y sexuales ha cambiado mucho en muy poco tiempo, y nuestra generación está pagando las consecuencias. Anteriormente las cosas estaban más claras, el papel de cada género estaba bien definido y parecía no haber problema en esta materia. Pero ante la liberación sexual de la mujer nos hemos tenido que adaptar a una nueva situación y parece que cada vez, nos entendemos menos.

En general las mujeres nos hemos revelado, hemos tomado parte activa en nuestra sexualidad y en nuestra relación con los hombres, pero en esta rebelión, muchas veces, hemos caído en el error de la imitación, (imitación del tópico) Hacer por defecto lo que se supone que te corresponde hacer, es una gilipollez porque muchas veces puede ir en contra de tus verdaderos deseos, o de tus verdaderas necesidades, pero hacer todo lo contrario de lo que se supone que te corresponde hacer, es la misma gilipollez.

Si culturalmente se ha identificado la agresividad con lo masculino, hemos intentado imitar dicha agresividad. Si se ha identificado con el hombre la actitud de superficialidad de lo físico, hemos intentado imitarlo también. Si un hombre habla como un Neanderthal de tetas y culos, muchas como borregas hablan de abdominales, culos y pectorales. Si ellos babean por ver una tía bailando enseñando las tetas, parece que nos toca a nosotras también babear por ver a un muñequito de gimnasio contoneándose… y así un largo etcétera.

Afortunadamente, cada día hay más hombres que reivindican su derecho a ser distintos, a ser considerados personas con sus sensibilidades, con sus complicaciones, etc.… Porque en realidad no hay tópico más repetido que el que dicta que los hombres son simples.

Creo que todos, tanto hombres como mujeres, somos víctimas de los estereotipos, en los que muy a menudo caemos sin que nos demos cuenta. En cuanto a mi experiencia personal, he sido una mujer bastante activa sexualmente, y cuando hago comentarios o cuento anécdotas sobre sexo, lo hago siempre basándome en mi experiencia. Si cuento en plan jocoso, que una vez un chico tras haberme dejado a medias me preguntó ¿Cuántas veces te has corrido?, no lo estoy contando para reírme en plan genérico de los hombres, lo cuento como anécdota de un hombre, solo un hombre que además yo conocí porque nos tocó compartir unos meses de vida en un país extranjero, y puedo asegurar que corresponde al típico-tópico de machito ibérico. Si un hombre se empeña en encontrarme un punto g del que carezco, suele parecerme encantador el interés por hacerme disfrutar, pero si tras explicarle que ese punto yo no lo tengo, él sigue insistiendo suelo tomármelo como un exceso de prepotencia por su parte (mi cuerpo es mío y si te digo que no tengo es porque lo sé). En mi caso, puedo asegurar que no relego toda la responsabilidad de la relación sexual en la otra parte, pero también mentiría si dijera que no me he sentido como una muñeca hinchable más veces de las que quisiera recordar. Pero con esto no pretendo atacar a los hombres, ataco solamente a esos hombres concretos. Soy consciente, de que muchos hombres también se han sentido muchas veces utilizados como un consolador, pero no por eso yo como mujer me doy por aludida, pues sé que no es mi patrón de conducta.

Por otra parte, sigo pensando que aun nos seguimos llevando la peor parte en las reglas del juego que rigen las relaciones sexuales. Claro que esta percepción está sujeta a mi subjetividad, y por tanto es susceptible de ser errónea.

Se siguen utilizando términos como “guarrilla”, “ligera de cascos”, etc.… para referirse a las mujeres que tienen, o tenemos, una vida sexual activa sin necesidad de que exista una relación de pareja. Además de que muchas veces he escuchado que cierta mujer es una guarrilla en la cama para referirse que es una buena amante. En fin, que si la mujer te ha hecho disfrutar, creo que merecería un poco más de respeto. Muchas veces sentimos que se nos sigue valorando según nuestra capacidad de mantener las piernas cerradas. En general se nos considera poco válidas para una relación sentimental, mientras que no es muy habitual que en el caso de las mujeres nos cuestionemos la actividad sexual de un hombre para plantearnos tener una relación con él. (No sé si estaré en lo cierto o no, pero es la sensación que he tenido millones de veces)

Sigue existiendo la percepción del hombre como parte activa y de la mujer como la receptora (de ahí que sientan que sobre ellos recae la responsabilidad). Yo les diría a los hombres que no teman a una mujer que toma la iniciativa, pues es posible que si ella toma la iniciativa sea más consecuente con sus actos y asuma su parte de responsabilidad, más que las mujeres que esperan a que sean ellos quienes las elijan, las cortejen y que ni si quiera conocen sus propios mecanismos del placer.

viernes 12 de junio de 2009

SPP (Síndrome de la Puta Psicóloga)

(Dedicado expresamente a Gohan)


Tenía unos 24 años cuando conocí a Fran. Por aquella época yo vivía en Valencia, acababa de terminar la carrera, estaba haciendo el C.A.P. y no era mi mejor momento personal. Me sentía pequeñita, me sentía sola, me sentía triste. Tenía una tendencia casi obsesiva a compararme con los demás, y siempre salía perdiendo en la comparación. Con la perspectiva que me da el paso del tiempo me doy cuenta de que mi autoestima por aquel entonces era pésima, una circunstancia favorable para el tipo de relación que establecí con Fran.

Le conocí en mi isla, en Tenerife, las últimas semanas del verano que estaba pasando en casa. Era un día entre semana y yo estaba en el pub donde trabajaba un buena amigo, haciéndole compañía y poniéndonos al día. Entró, saludo a mi amigo y me dirigió una mirada fulminante, directa, clara, de esas que derriten y dejan paralizada a la vez. No podía creerme que aquel tío bueno me estuviera mirando a mí. Unas cuantas cervezas, conversaciones en grupo, supe que él era de Madrid, el supo que yo vivía en Valencia. Supe que en un mes se iría a vivir a la misma ciudad que yo, y lo interpreté como una señal del destino, y creo que desde ese primer momento ya me enganché a él. Terminamos la noche juntos, en mi casa, luego en la suya, intercambiamos teléfonos y la intención de volver a vernos. Y nos volvimos a ver, primero en Tenerife y ya luego en Valencia, donde me convertí en su puta, y su psicóloa, en la que siempre acudía a sus llamadas. Cuando necesitaba compañía, yo iba, estaba con él, follaba con él, cenaba con él, salía con él. Desde los primeros encuentros dejó claro que no quería una relación seria, que no estaba preparado, blablabla… no he superado lo de mi ex blablabla… y yo mentí, a él y a mí misma, diciendo que tampoco era lo que buscaba.

Fran siempre hablaba de sí mismo, de lo que le pasaba, de sus problemas con su padre, de su tía, de su ex. De ella hablaba mucho, de lo guapa que era, de cuanto la quería, de lo destrozado que se había quedado cuando ella lo dejó, blablabla. Cada vez que yo intentaba hablar de mí, contar algo de mi vida, le daba la vuelta y volvía a hablar de sí mismo. Y yo escuchaba, con mis ojos grandes comprensiva, y le daba alivio y anestesia con caricias y besos, y sin decirle ni una sola vez “hijo de puta no me hables más de ella que me estás destrozando”. Supongo que todos habéis escuchado la cancioncita del italianini Nek “Laura no está”. La canción, aparte de que ese tipo de música no es santo de mi devoción, me dan ganas de romperle la boca de una patada al Nek de los cojones cuando la he escuchado.

Cada día iba siendo más consciente de lo tóxica que estaba siendo aquella historia, pero no podía hacer nada. El deseo de verle, de tocarle, de besarle de estar con él era superior a mí, a pesar de que él en el sexo el tipo era un petardo (básico, simple, siguiendo el típico esquema, beso-tetas-penetración) y encima se creía la quinta esencia por tener habilidad en aguantar la eyaculación. Me absorbía la energía como si de un vampiro se tratara, pero yo seguía inevitablemente acudiendo a su encuentro. Hasta que desapareció durante un mes. En su teléfono fijo no contestaba, y hacía poco que se había quedado sin móvil. Los días pasaban, y yo cada día me levantaba con el convencimiento de que ese día él llamaría. Pero no llamaba, y yo quería arrancar todo aquello que estaba sintiendo de raíz, pero no salía. La ansiedad, la desesperación, la vergüenza y la tristeza seguían arraigadas lo más profundo. Fue un mes que me pareció un año, y cuando ya había abandonado la esperanza de volver a saber nada de él, y parecía asomar en mí la desintoxicación, llamó. Había tenido una pelea con su familia de Valencia y se había marchado a Madrid, y ahora volvería a vivir en Tenerife. Excusas y disculpas por no llamarme mientras estuvo desaparecido… blablabla… que si eres importante para mí, que si somos amigos, blablabla. Engañándome a mi misma con la idea de que no soy persona rencorosa, le perdoné, me convencí a mi misma de que podríamos ser solamente amigos.

Ese verano, un año después de conocernos, volvimos a vernos en Tenerife. Quedamos para cenar, estuvimos de fiesta, hablamos mucho. Me contó que estaba teniendo una historia con una chica de su trabajo, que se sentía bien con ella y que se planteaba tener algo serio con ella porque no quería perderla, y yo muy civilizada ¡ah pues mira qué bien! Lo peor de todo es que ni siquiera era sincera conmigo misma, no admitía que me importaba, que me tocaba los ovarios enormemente que después de haber estado utilizándome como paño de lágrimas y como muñeca hinchable durante tantos meses, me dijera que se planteaba tener una relación con otra. Terminé la noche en su casa, el no tenía coche y tuve que llevarle. Llevó el coche él, y yo me quedé en su casa porque no podía conducir en aquel estado. Me preparó una habitación y él se fue al sofá. Pero a los pocos minutos entro, no recuerdo muy bien lo que dijo y follamos. Más bien me folló, y yo me dejé. Deseaba sus abrazos, y sus besos… pero casi ni los tuve. Al terminar, se fue a dormir al sofá, por si acaso al día siguiente venía su “amiga” y no quería que lo encontrara allí conmigo. Me quedé hasta por la mañana sin ni siquiera atreverme a pensar en lo que había pasado. Creo que ese día toque fondo, creo que ese ha sido mi fondo en lo que a relaciones con hombres se refiere.

No volví a pensar en eso, no me lo permití. Hasta que un día me lo volví a encontrar una noche de fiesta, estaba con su compañero de piso (buena gente) y me quedé tomar una cerveza con ellos (como no soy rencorosa). Me quiso acompañar a casa, yo me negué, poniéndole excusas. Pero el colmo fue cuando me soltó con todo su morro: “bueno, tú te lo pierdes, porque no me negarás que nos lo hemos pasado muy bien juntos. Aun recuerdo la última vez” Eso ya fue demasiado para mí, no sé si alcanzareis a imaginar lo que supusieron esas palabras para mi, así que por primera vez desde que le conocía, le dije las cosas tal cual las sentía: La última vez??? Una puta mierda fue la última vez!!! UNA PUTA MIERDA!!!

Su orgullo de machito se quedo herido, y se pilló un rebote de tres pares de cojones, allí me quede yo, llorando no sé si de rabia, de impotencia o por dejar salir de una maldita vez muchos de los sentimientos que había estado reprimiendo. Su compañero de piso, me abrazaba e intentaba tranquilizarme. Se quedó conmigo un rato en medio de la calle y luego me acompañó casa. Siempre le agradeceré ese gesto.

Meses después Fran volvió a hacer acto de presencia en forma de sms. Típico como te va, a ver si nos vemos un día… y yo, como no soy rencorosa, le contesté. Esta vez mi intención no era tener nada con él. Tenía una espinita clavada, y creo que él también. Mi orgullo quería darse el gustazo de rechazarle. Creo que el suyo quería darse el gustazo de demostrarme que podía follarme cuando le apeteciera. Insistió en vernos durante semanas, yo nunca podía. Hasta que un día se acopló a una salir conmigo y mi amiga. Se pasó toda la noche haciéndome la pelota, y yo me pasé toda la noche haciéndome la reina. Esa noche lo pasamos bien los tres de fiesta, baje un poco la guardia y terminamos borrachos desayunando en mi casa. Me pidió quedarse a dormir conmigo, solo dormir que no pasaría nada. Y lo dejé. Pero ya en la cama, como era de esperar, empezó a besarme, y yo le dejé. Sus besos y caricias eran agradables, y él seguía siendo tan guapo como siempre. Quizás si el tío hubiera sido más hábil no hubiera podido resistirme, pero cuando se puso sobre mí, le cogí la cara con mis dos manos y mirándole a los ojos le dije: “Fran, no me jodas y déjame dormir anda” Me di la vuelta y dormí la mona, relajada y tranquila.

Aun así, volvimos a vernos una vez más. Quedamos un día en plan viejos amigos, yo estaba contenta con mi vida, tranquila, feliz, conociendo a alguien nuevo que me trataba bien, pero pude comprobar cómo su presencia me seguía succionando las energías. Ese día, decidí que nunca más le volvería a ver.

Hoy, si pudiera volver atrás en el tiempo, borraría esa historia de mi vida solamente si alguien me garantizara que seguiría siendo tal cual soy ahora, sino, que ahí se quede.

martes 9 de junio de 2009

Otro punto de vista

No soy de hablar de política, aunque la política forme parte de nuestras vidas. Sin embargo hoy, tras unas elecciones con el 54% de abstención, me he encontrado con un artículo que me ha parecido muy interesante, precisamente por mostrar un punto de vista distinto al acostumbrado, y a mi, me ha hecho reflelxionar, bastante.


"VOTAR ES UN ACTO DE PEREZA, ya que delegas todas las decisiones sociales en otros. Dentro de poco va a haber elecciones municipales, y otra vez los partidos políticos llenarán nuestro día a día de panfletos, carteles y mítines para convencernos que su partido es el único bueno, el único honrado, el que nos salvará del paro, de la droga, del terrorismo y del cambio climático. Parecerá poco a poco que dejaran de arrellanarse en su sillón pensando en su poder, o quizá de llenar sus maletines de billetes de quinientos, y de golpe y porrazo sintiesen la necesidad de explicarnos qué necesarios son para nuestras vidas. Toda una avalancha de mensajes, acusaciones, cifras, siglas, musiquillas y logotipos con el único objetivo de que vayamos y metamos un papel con el nombre de su partido, de su lista cerrada de salvadores elegidos. Se nos presentan como superhombres entregados a la sacrificada tarea de mejorar nuestras vidas, porque ellos creen saber lo que nosotros, los de abajo, ignorantes y caóticos, necesitamos. Bueno, no todos, muchos simplemente tienen vocación de ladrón de guante blanco, pero el rasgo común de todos los políticos es el afán de poder, el creerse con la capacidad de organizar la vida de todo el mundo, y de hacer uso de la policía si alguien no acepta sus decisiones por las buenas. Nos vienen a decir que solo ellos, tal o cual sigla, saben qué necesita el pueblo, a pesar de que todos sus antecedentes sin excepción han decepcionado al pueblo (tanto en democracia, como en dictadura, como con republica, como con monarquía, como con…) El político afirma que el sí, que el es de verdad honrado, incorruptible e inmune a la célebres frases que decimos los de abajo: “el poder corrompe”, o “son el mismo perro con diferente collar”.


Afortunadamente no hace falta ser anarquista (y por tanto creer que se puede funcionar sin políticos, sin elecciones y sin jerarquía) para no votar, mucha gente simplemente se da cuenta de que le toman el pelo y no se rebaja a meter un papel en una urna. Si a esto le sumamos la inestimable ayuda de los perezosos, los inmigrantes que no pueden votar, los menores de edad,… la abstención siempre “gana” indiscutiblemente. Ningún partido se acerca nunca al 50% de apoyo de la población real ni por asomo, solo cuenta con el beneplácito de una pequeña minoría. Cualquier político se asusta cuando hay alta abstención, y sus medios de comunicación antes de la elecciones se esfuerzan por llamar vagos a quienes no participan de la farsa, y después ignorar olímpicamente los datos de abstención en el resultado final.


Hay gente que piensa también que todos son iguales, que el problema es el sistema en si, y no se abstiene, crea partidos que no pretenden gobernar, sino concienciar de algún problema en particular (como el partido por la legalización de la marihuana) o deslegitimar el sistema dejando escaños vacíos. Otros apostamos por la abstención activa, o sea, en vez de meter un papel en una caja cada cuatro años y después dejar que te gobiernen, no votamos, e intentamos mejorar nuestro entorno cotidiano, nuestros barrios y pueblos. Porque hay mucho que hacer fuera del pasteleo electoral y los partidos. Cuando una sociedad tiene una amplia red de asociaciones barriales, colectivos ecologistas, sindicatos combativos (no me refiero precisamente a CCOO ni a UGT, como imaginará el lector), ateneos y agrupaciones culturales, solidaridad entre vecinos, … Cuando esto pasa el poder, sea del partido que sea, tiene mucho mas difícil el hacer lo que le venga en gana, y la gente de los barrios empieza a ganar batallas, o por lo menos a no permitir algunas injusticias.


Lo que quiero decir con todo esto es que frente a la corrupción política, a que hagan lo que les parece, a que se preocupen por sus cuentas corrientes en vez de nosotros, la solución para quitar las antenas de telefonía, de que no aparezcan peleas, bandas, drogadicción y que cada uno pase de su vecino (como pasa en barrios desestructurados donde todo el mundo va a su bola), la solución no es votar, que sirve de bien poco, sino crear una amplia red vecinal, que nos defienda de los que estén arriba y nos permita mejorar nosotros mismos nuestras vidas sin esperar inútilmente que los de arriba hagan algo. Ese es un camino real para mejorarnos, de disfrutar de la vida social, de pasar buenos ratos, y de cambiar nuestro entorno. Algunas personas creemos que vale la pena luchar por la solidaridad entre vecinos, por la vida barrial amistosa, respetuosa, alegre y combativa. Muchos creemos que es la manera de escapar del TRABAJAR-CONSUMIR-DORMIR que es el modelo de vida que nos impone el sistema capitalista. La sociedad está diseñada para educarnos en los valores de la competitividad, el trabajo y el consumo. Intentemos pues nosotros crear ambientes donde lo que nos mueva sea únicamente la solidaridad, la libertad, el respeto al diferente, el apoyo mutuo, la cultura barrial, la asamblea, la palabra y la igualdad.


Le invito al lector a participar y asociarse (en colectivos asamblearios, horizontales y no manejados por ningún partido ni persona, por supuesto), ya verá como es mucho mas satisfactorio que votar, y mucho mas enriquecedor y también (por que no) divertido."

martes 2 de junio de 2009

Dependiente

Tengo un trozo de la espalda al rojo vivo, ese trozo de espalda imposible de abarcar en su totalidad con mis manos.

La independencia total no existe cuando ni puedes ir sola a la playa sin quedar con una parte de ti abrasada. El secreto está en encontrar el equilibrio para que la dependencia no se convierta en un lastre para nosotros o para los demás.

La próxima vez prometo vencer mi timidez y pedirle a alguien de la toalla vecina que me ayude con el protector, que a veces parece que tememos el contacto físico.

sábado 30 de mayo de 2009

Gilipolleces descomunales

En ciertos rincones de la blogsfera me ha parecido leer (disculpenme si me equivoco) que equiparan aborto a asesinato (hay que ser cortito de mente) y por lo tanto considera más grave un aborto que una violación.

Sobran las palabras, cualquier argumento dirigido a personas de esta clase resultaría la mayor de las pérdidas de tiempo. Cuanta miseria, cuanta pobreza de espíritu, que poca empatía, cuanta prepotencia. Cuando leo ciertas palabras, disfrazadas de deseos de cambiar el mundo, debo hacer un gran trabajo para controlar la rabia y la impotencia ante gente tan hija de puta, porque por mucho que lo piense cualquier otra calificación se me queda corta.

Quizás, en el futuro, analice frase por frase el post objeto de mi cabreo, porque encima que nos considere a gran parte de los mortales como subnormales profundos incapaces de entender el lenguaje de gente "culta" de la iglesia me parece ya una falta de respeto fuera de lo normal.

lunes 25 de mayo de 2009

Etapas

La característica fundamental de una mujer caótica es que no siempre es la misma. Pasa de la euforia a la apatía, del nerviosismo a la tranquilidad, del frio al calor, sin orden ni concierto. O quizás esos cambios si sigan un orden preciso y lógico que se escapa al entendimiento externo.

Caótica está, últimamente, bastante tranquila, algo asocial y totalmente asexual. Ha sido desde hace años alguien bastante sociable, pasando etapas de una profunda necesidad de compañía. Etapas en las que un fin de semana sin plan eran un absoluto fracaso, en las que tres días sin mensajes en el móvil ni llamadas telefónicas provocaban tristeza y cierta dosis de ansiedad moderada. Épocas de continuas fiestas, en las que se apunta a todo lo que surja y más, en las que cualquier cosa es mejor que una tarde libre sola. Pero las dos últimas semanas a Caótica apenas le ha apetecido salir, a algunas llamadas de amistades para tomar algo siempre se las ha arreglado para evadirlas, prefiriendo la soledad del hogar. Aprovecha el tiempo dedicado normalmente a las resacas para pintar, leer, o simplemente perder el tiempo en ella misma.

A Caótica, mujer sexual donde las haya, últimamente le da una pereza enorme la idea del sexo compartido, no se siente en absoluto motivada para provocar el placer sexual de nadie más que no sea ella misma, se siente tremendamente egoísta en este aspecto, y se cree con el absoluto derecho de serlo. Largas épocas de altruismo le han hecho ganarse ese privilegio. A Caótica no le apetece entregar besos, porque en cada beso pone una parte de su alma, no le apetece entregar el cuerpo, porque inevitablemente parte de su ser más íntimo es también entregada. Caótica se ha tomado unas vacaciones en el gran placer de dar.

Pero no os confundáis, que no está triste ni deprimida. Reserva sus mejores galas de sonrisas y abrazos para sus más queridos seres y para ella misma, disfruta del silencio redescubriendo nuevas posibilidades encontrando en él una paz casi divina.

Caótica piensa a veces que debe ser que se hace mayor, y sospecho que le está gustando la experiencia.
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