miércoles 25 de noviembre de 2009

Inverosimilitud

Internet, dicen, está lleno de mentiras, la gente se esconde tras la pantalla para mostrar lo que desea ser. Es una de las muchas “frases manidas e ideas trilladas que saturan los vertederos del saber contemporáneo” (Auster)

En relación a esta idea, hay algo que me llama la atención, y es que hay determinadas ideas, o más bien actitudes, que para según qué ojos resultan totalmente inverosímiles. He venido percibiendo que la actitud de mujer con una sexualidad sin prejuicios, ni tabúes y bastante activas, no resultan demasiado verosímiles, sobre todo para ellos.

La idea me empezó a rondar en la cabeza hace ya tiempo, en un blog muy popular, “Amanda, la amante” en el que la autora se muestra segura de sí misma, habla sin tapujos de su sexualidad, tiene rolletes, romances, amores, y no tiene pelos en la lengua en hablar de sexo claro y directo. Más de una vez, en los comentarios, se decía que en realidad quien escribía era un hombre, por el tratamiento que le daba al sexo. Nunca me he planteado que sea real o no el personaje que escribe, pero que sea una mujer, y que su vida sea más o menos tal cual la cuenta, me parece bastante verosímil.

Hace poco, hice un comentario en un blog vecino, y parece ser que mis palabras estuvieron rodeadas de inverosimilitud, sobre todo ante los ojos masculinos. El comentario exacto fue el siguiente: “me alegro de haber sido siempre dueña de mi cuerpo, de conocerlo como nadie, de follar con quien me da la gana y cuando me da la gana, de poder hablar con mis amigas de sexo, sin rubor y con total sinceridad.
No tengo ni idea de si la sociedad ha extraviado al mismo sexo, al verdadero, como tú lo llamas, pero puedo asegurar que yo no.” Me dijeron que era exagerado, y presuntuoso, y hasta me pareció que insinuaban que mentía. Me importa poco lo que piensen, yo sé quién tiene razón, pero me llamó la atención que fueran hombres quienes restaran credibilidad a mis palabras.

Aunque si lo reflexiono detenidamente, no es algo que me sorprenda, es algo a lo que vengo estando acostumbrada desde hace tiempo. Desde hace mucho he estado convencida de que es falso eso que muchos afirman de que por naturaleza, los hombres tienen más deseo sexual que las mujeres, siendo las causas de tipo cultural. Me he visto enfrascada en multitud de discusiones al respecto. Me enfadaba cuando compartía piso con mi amigo David y este me decía que yo era como un hombre. Me tocaba las narices que mi deseo sexual fuera a sus ojos incompatible con mi condición de mujer.

Aun hay muchos que sostienen, que las mujeres que afirmamos tener la libido alta, y estar más salidas que el pico de una plancha, mentimos como bellacas. Y lo que se me ocurre es que nunca se han cruzado con una mujer así, y nunca han dado tanto morbo, y han vuelto tan loca sexualmente a una mujer (en el sentido de despertar sus más bajos instintos) que esta se los quiera follar a cada rato.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Instinto (segunda parte)

...No tarda en meter la mano bajo mi vestido, apartar el tanga y disfrutar con sus dedos de mi humedad. Pasa sus dedos por cada rincón de mi palpitante, caliente y mojado coño. Se detiene un instante en mi clítoris, y no puedo evitar gemir. Nos acercamos más para intentar disimular, y entonces me mete un dedo y lo mueve dentro de mí. Me encanta, me encanta que me esté masturbando entre la gente, me enciende sentir su mano en mi mientras veo al resto de la gente a nuestro alrededor. Quiero su polla… la quiero dentro, la quiero ver, sentir, oler, saborear. Meto la mano en su pantalón. Mmmm!!!!!!! Me encanta ese tacto, me encanta la suavidad y el calor de esa polla dura. La palpo, la toco, la manoseo entera y me hago una imagen mental de ella.

Así permanecemos un rato, masturbándonos, besándonos, mirándonos.

Pero llega un momento que ya no puedo más, necesito desnudarme, necesito todo su cuerpo, necesito liberar toda esta energía, quiero apagar este fuego que me está quemando. Quiero follar y ser follada, quiero comer y ser comida… quiero disfrutarlo todo, sin represión, sin censuras, sin pudor.

En el taxi camino a mi casa no podemos dejar de tocarnos, y al taxista debemos de estarle alegrando la mañana porque de vez en cuando echa un vistazo sonriente por el espejo retrovisor. Ahora ya si es sábado, ha salido la luz del sol, es una mañana radiante, y yo debo tener un aspecto horroroso. Pero me da igual, no me importa nada. Solo quiero llegar ya a casa y desnudarle.

Por fin en mi habitación, solos. Por fin libera mis pechos. Por fin su lengua los lame, su boca los succiona y yo siento que voy a morir de placer. Los aprieta suavemente con sus manos, los saborea enteros y mete su cabeza entre ellos, aspirando su olor, lamiendo su sudor. Acaricio su cabeza con mis manos, mientras echo la mía hacia atrás, dejándome ir.

En este momento solo soy sensaciones, solo soy carne, solo soy sexo, lujuria. Solo soy saliva, sudor, flujos, sangre. No tengo conciencia de mi espíritu, no sé dónde está mi alma caótica. Está dormida, todo mi caos emocional ahora no importa, mi alma descansa para dejar disfrutar al cuerpo. Y mi cuerpo disfruta, y quiere hacer disfrutar al otro cuerpo.

Mis manos le desabrochan el pantalón, y la liberan. Por fin queda libre y en mis manos. Es tal como la había imaginado al tocarla. Es preciosa, es perfecta, solo dan ganas de chuparla y no parar. Me arrodillo ante él, y le miro a los ojos mientras con mi lengua empiezo a recorrer suavemente su capullo, a recorrerla entera, no quiero dejarme ni un solo milímetro de piel sin lamer. Me meto sus huevos en la boca, los succiono y luego vuelvo hasta su capullo para metérmela toda en la boca. Siento como reacciona ante mi lengua, como su respiración se acelera o se entrecorta según los movimientos de mi lengua. Me gusta ser la causante de su placer, me gusta el poder que siento, me gusta llevar el control. Sé que puedo conseguir que se corra en unos minutos, pero no es eso lo que quiero, aun no.

Antes de eso hay una parte de mi que ansía probarlo, que ansía tragarlo, que ansía aspirarlo con fuerza, para introducirlo en una montaña rusa de espasmos interminables. Sin sacármelo de la boca tanteo con la mano el suelo, y encuentro mi bolso, del que consigo sacar un condón. Se lo doy y lo abre, me encanta como obedece.

Lo cojo por la punta, suavemente con mis labios y se lo coloco. Aun estoy a medio vestir. Mi vestido está solamente desatado, y mis tetas por fuera del sujetador. El está con los pantalones y los calzoncillos en los tobillos, y ya se ha quitado la camisa.

Lo tumbo en la cama, así tal cual está y me siento sobre él. El me mira con deseo, me toca las tetas y me dice algo en inglés. Yo no tengo idea de lo que me está diciendo, pero suena bien, así que yo le hablo en español, le digo que me gusta su cara, su cuerpo, le digo que me muero por sentirlo dentro. El lleva una mano a mi coño, me aparta el tanga, empapado, y se dedica a palpar mi interior. Emite un sonidito delicioso al notar mi humedad.

¡No puedo más! Con un simple movimiento pélvico consigo introducirme su polla. Te voy a utilizar, le digo, te voy a follar como yo quiera. Hago que entre despacio, y hasta el fondo. Quiero sentirla bien, poco a poco, aprieto bien los músculos de mi coño. Quiero que mi cuerpo la succione, que la posea. No puedo evitar moverme cada vez más rápido sobre él.

De repente me para, me retira con fuerza echándome a un lado. Me tumba y me quita el tanga. Me acaricia los muslos, me los besa por el interior, me lame las piernas hasta llegar a mi pie derecho. Ahí se detiene y empieza a chuparme los deditos. Mmmmmm…. No puedo evitar que se me escape un profundo gemido. Parece gustarle porque me mira y me sonríe. Se muerde el labio de abajo y mete su cabeza entre mis piernas. Y me lame entera, se bebe todos mis flujos como si quisiera secarme, pero secarme ahora es imposible.

Me lame el culo y el coño y yo ya llevo un rato rozando el cielo. Muerdo la almohada para impedir que salgan de mi boca fuertes gemidos. Aun así intensos jadeos sordos inundan todo el espacio. Pero quiero volver a sentirlo dentro, así que le aparto la cabeza y lo atraigo hacia mí. Mientras me penetra le beso la boca, me gusta mi sabor en su boca.

Me folla a fuertes embestidas, me sube una pierna a su hombro y me la lame mientras no deja de moverse dentro de mí, me vuelve a lamer los dedos del pie. Y así voy notando como empiezo a perder el control, así voy notando como todos los músculos de mi cuerpo se contraen, así es como siento un largo e intenso orgasmo que me deja exhausta.

En ese momento el se retira rápidamente, se quita el condón y me riega las tetas con su semen caliente. Se echa sobre mi exhausto, y así nos dormimos un rato. Entre el sueño y la vigilia nos volvimos a follar, pero eso ya es otra historia.

Valencia 2006

martes 17 de noviembre de 2009

Instinto (primera parte)

Es Viernes noche. Es Julio. Son agradables son las noches de verano en las calles valencianas, me gustan. Esa cálida humedad que me hace llevar tan solo un poco de tela en el cuerpo, que provoca que ése canal que separa mis pechos permanezca sutilmente húmedo.

Es viernes noche, aunque quizá sería más preciso decir, sábado de madrugada. Pero yo he salido de casa siendo viernes, y para mí no será sábado hasta que no vea la luz del sol. Al fin y al cabo el tiempo es una herramienta del ser humano para ordenar el mundo en el que vivimos, así que yo lo manejo a mi antojo.

Es viernes noche y Sonia esta adorable, como casi siempre, Angel está eufórico y enamorado… no puede dejar de mirarla y quererla. Yo estoy melancólica, y a la vez feliz de tenerlos. El alcohol nos exagera la sensibilidad, por eso en el coche hablamos y nos reímos, desahogo mi caos y mi confusión, les expreso ese amor que me invade, que me confunde, que dulcifica y agrava mi mirada. Sonia me mira y no me reconoce, dice que estoy como resignada a sufrir por amor. Yo la miro y la abrazo… cariño, le digo, no te preocupes por mí, estoy bien, puedo llorar y reír al mismo tiempo y ser siempre feliz. Angel interrumpe tan sentimental momento. Venga chicas!!!! Fiestaaaa!!!!... Claro que si, digo yo.. a donde siempre, no?

Y allí nos dirigimos, a donde siempre, a ese curioso antro de la noche Valenciana, que a otras horas consiste en una sala de baile de jubilados, o prejubilados, o ambos. A estas horas nada que ver, lo peorcito de la noche valenciana lo puedes encontrar por allí, bailando al ritmo de música electrónica y más de la mitad bajo los efectos de algún tipo de droga de diseño.

No es de extrañar, que en ese lugar, siempre acabes haciendo “amigos”. Realmente nos gusta ese tipo de degeneración, realmente no se que tiene ese lugar que ha hecho que nos guste tanto. Posiblemente no tiene nada, solo buenos momentos compartidos, amaneceres y locurillas juntas para evadirnos del puto curro durante el fin de semana.

Nos vamos a la pista, bailamos, estoy contenta, me gusta bailar entre la gente y a la vez sola, y entonces le veo, en la distancia. Y entonces me ve. Y entonces Sonia me lleva hacia él. Niña, me dice, este es inglés, practica anda que te hace falta! Yo lo intento, y por un momento siento que ese extraño y yo podríamos entendernos aunque fuésemos mudos. El debe notar como lo miro desde abajo. Es alto, y a mí me encanta mirar hacia arriba para hablar con un hombre. Intuyo que a él le gusta mirar hacia abajo para hablar con una mujer. Desde ese lugar debe tener una estupenda vista de mi escote, pero es lo suficientemente discreto para no resultar grosero, y lo suficientemente grosero para no resultar indiferente.

Llevo un vestido que contribuye a destacar mi feminidad. De tela fresca, fina y con una caída que favorece que se adapte a los mejores rasgos de mi cuerpo. Se trata de una prenda negra, con lunares blancos, de estilo cruzado y atado a la cintura, dejando totalmente en evidencia mis encantos.

Intento comunicarme torpemente, y a las cuatro frases ya nos hemos besado. No hay nada más eficaz, más terriblemente eficaz y comprensible que el lenguaje del cuerpo, el inequívoco lenguaje natural del cuerpo, de los sentidos, del olfato, de las hormonas. No hay nada más claro que el lenguaje animal, el puro y duro lenguaje salvaje, el del instinto, las tripas, el sexo. Con ese lenguaje nos comunicamos, las lenguas extrañas se funden en los besos y no hay nada más que decir. En ocasiones son suaves, en otras intensos. En medio de la pista nos besamos y tocamos, cada vez más calientes, cada vez más ansiosos, cada vez más salvajes queriéndose comer enteros.

La gente de nuestro alrededor no nos importa, a mi incluso que gusta que estén ahí, me enciende más imaginar que se están dando cuenta de mi excitación, de la suya, de nuestras caricias obscenas y lascivas.

Me mira a los ojos, me besa el cuello la barbilla, me coge la mano y me lame la palma, yo cojo la suya la paso por mi cara, por mi boca, me meto el dedo pulgar en la boca, jugueteo con él entre mis labios, con mi lengua, lo chupo y lo relamo como simulando la mamada que quiero hacerle, mientras no dejo de mirarle a los ojos. Esta cachondo, lo noto en sus ojos, en cómo me mira, en su respiración, en el calor de su piel.

Me saca de la pista, y nos sentamos en dos sillas. Uno frente a otro. Es guapo, es muy guapo. Alto, tez morena y cabeza rapada al cero. Tiene la típica cara de “fóllame”, esa cara sobria y salvaje a la vez, con un puntito de soberbia, ese tipo de personas en las que la sensualidad se escapa por cada uno de sus poros. Morbo en estado puro. Con todo eso, ¿para qué coño quiero yo saber inglés en este momento, si ahora somos solo un par de animales?

Seguimos besándonos, tocándonos, conociendo nuestros cuerpos. Entonces viene Sonia, se sienta sobre mis piernas, me besa y se va. Sentir sus labios femeninos, la calidez de esa lengua amiga, el morbo de lo inesperado, me pone aun más ansiosa, y sospecho que a él también.

Continuará

lunes 9 de noviembre de 2009

Sexo con desconocidos

He podido comprobar, en el tiempo que llevo escribiendo el blog, que muchas veces algunos de nuestros post vienen inspirados de algo leído en un blog vecino. Cuando eso pasa, personalmente me gusta dedicar el post y enlazar el post concreto que me ha inspirado. En el caso del blog que ha inspirado mis reflexiones de hoy, por petición expresa de su autor, no lo enlazaré, de modo que me limitaré a resumir la idea en cuestión y exponer mis reflexiones sobre el asunto.

En cierto blog se pone en marcha cierta idea: establecer una lista donde desconocidos puedan contactar con desconocidos y concertar una cita esporádica para tener sexo, sin información personal, y mucho menos implicación emocional ni compromisos de ningún tipo. La idea parte del relato de una fantasía. Una chica aburrida de su vida monótona, a quién su novio ha dado plantón el día de su cumpleaños, descubre en su bolso una nota con varios números de teléfono y el siguiente texto: “Clave: living la vida loca” (en el post original la clave es otra, pero a mí no se me ha ocurrido mejor sustituto). Entonces recuerda que esa nota se la dio una vez una chica que conoció de fiesta. Decide llamar a uno de los números de teléfono al azar, dice la clave al desconocido que le contesta al teléfono y quedan en verse en un hotel en media hora. El desconocido está muy bueno, huele bien y se la folla de escándalo.

A partir de aquí, y como ya he dicho, los autores del blog proponen crear algo semejante, y por lo tanto establecen una encuesta para hacerse una idea de a cuánta gente atrae el proyecto. Aclaro en este punto, que no pretendo escribir ningún juicio moral sobre el sexo con desconocidos. Sin embargo, la idea, tal y como yo la he entendido, no me parece demasiado brillante, principalmente por los siguientes motivos:

-Según entiendo, no se tiene ninguna información de índole físico del desconocido en cuestión. Vamos, que me pongo en situación. Tengo ganas de echar un polvo con un desconocido y hago uso de uno de los números de teléfono de la lista en cuestión. Concertamos una cita, y cuando nos vemos, el tipo no me pone nada, y preferiría hacérmelo con Javier Clemente (doy fe de que existe al menos una mujer en el mundo a quien este tío le da morbo, y no soy yo) Pues me jodería haber salido de mi casa para nada, y al tipo le jodería haber salido de su casa para nada.

-Soy mujer, y tener sexo esporádico con desconocidos es relativamente fácil, doy fe de ello. Lo bueno que tiene el sexo con desconocidos, según mi propia experiencia, es la parte más animal e instintiva de muchos de esos encuentros, y hasta los perros se huelen para aparearse.

-Los artífices de la idea apuntan que serían ellos quienes seleccionarían y filtrarían a los participantes. De participar y ser aceptada, no me haría ninguna gracias que otros filtraran por mí.

-Ya existen páginas que cumplen esta función, y no me refiero al meetic o sus primas. Hay páginas de contactos exclusivamente para encuentros sexuales, en las que se puede buscar absolutamente lo que se te ocurra, lo encuentras fijo.

-Necesito saber si el tipo en cuestión puede atraerme físicamente o no, y para eso mínimo una foto, reduce el margen de error.

-Estoy segura que de formar parte del grupo no me tocaría nunca la lotería de la chavala del relato.

viernes 6 de noviembre de 2009

Consejos

Todos hemos sido consejeros, y todos hemos sido aconsejados.

La realidad es que los consejos no sirven para nada, a lo sumo, para tranquilizar la propia conciencia, pero para ayudar a la otra persona en cuestión, lo dudo. Si acaso sirven para algo es para que el otro se sienta juzgado, incómodo y avergonzado. Y no creo que sea eso lo que queremos. Cuando un ser querido está pasando por una situación problemática, y nosotros creemos tener claro cuáles son las soluciones, el nuestro ego quien actúa. La realidad es que no tenemos ni puta idea de cuál es la solución a su problema, sea cual sea. Y no tenemos la respuesta, aunque nos creamos tan listos que pensemos que sí, porque la respuesta está dentro de esa persona, y es esa persona quien la tiene que encontrar.

No se trata de quedarnos con los brazos cruzados cuando vemos que un amigo tiene un problema, se trata de actuar de un modo más efectivo. Y el modo más efectivo quizás sea ayudarle a que él mismo encuentre sus respuestas. No le des pescado, enséñale a pescar. Y si no sabes pescar, no le puedes ayudar, así que no te esfuerces... si acaso aprende a pescar para luego enseñarle.

Creo que el modo más efectivo de ayudar sea escuchar, pero escuchar de verdad sin juicios, sin consejos. Escuchar, y preguntar. Animarla a que mire hacia adentro, a que se entienda y se comprenda, y tener paciencia, y ser comprensivo... y no querer que todo se solucione a la voz de ya porque "no soporto verte así".

Cuándo alguien a quien queremos está sufriendo, es normal que queramos solucionarlo, más aún cuando la solución aparece ante nuestros ojos de manera tan clara. Pero uno tiene su propio punto de vista, y la otra persona como protagonista tiene otro, y quizás ninguna de las dos puede ver la cuestión en su conjunto.

He estado en la situación de consejera, pero también he estado en el otro lado. He sido muchas veces la que tiene el problema, la que está haciendo el gilipollas, la que no hace lo que es mejor mí... y he recibido consejos, opiniones, palabras bienintencionadas que me dicen que tengo que hacer. Sinceramente, no me han servido ni para limpiarme el culo. En esos momentos se a quien acudir. Soy afortunada, tengo una amiga, mi tía, mi hada madrina. Una persona que nunca juzga, que nunca da consejos, que nunca te dice lo que debes o no debes hacer. Simplemente escucha, y pregunta, y me hace sentir tan tranquila y me transmite tanta paz, que contesto todas sus preguntas desde la más absoluta franqueza, y me descubro llegando a conclusiones y hallando respuestas que ni sabía que tenía.

Si no podemos hacer eso por nuestros amigos cuando tienen un problema, no podemos hacer nada.

lunes 2 de noviembre de 2009

Sola II

Vuelvo a estar cerca de aquellas sensaciones, y así pienso quedarme por un tiempo. Es mi momento, lo sé. Es el momento de centrarme en mí, en mis metas, en mis objetivos, en mí misma.

Mi mente vuelve a sentirse limpia y ligera. Vuelvo a encontrarme serena y optimista. Vuelvo a mirar hacia adentro, y me vuelve a gustar lo que veo en mí. Vuelvo a sentirme princesa, vuelvo a sentirme diosa, vuelvo a sentirme fuerte y valiosa.
Decidí levantarme y curar mis heridas sin miedo a hacerme más, al fin y al cabo, nadie que se precie de tener complejo de Peter Pan puede ir por la vida sin mercromina en las rodillas.

lunes 26 de octubre de 2009

Ex nº2

Lo bueno de tener buena relación con un ex, es que a veces resulta terapéutico.

Nos guste o no, nuestras experiencias pasadas van marcando la forma en que vivimos el presente, y cuando hemos querido a una persona, hemos compartido parte de nuestra vida con una persona, hemos tenido lo que es, al fin y al cabo una historia de amor con alguien y no ha funcionado, lo normal es que queden dolores, heridas y sentimientos que van marcando la forma en que te relacionas.

Hace ya más de un año que no nos veíamos, y esta mañana he tomado zumo de naranja con “ex nº2”. No parece que haya pasado tanto desde que no le veía, me parece como si le hubiera visto ayer. He estado mucho tiempo enfadada con él, por no quererme, o más bien, por no quererme lo suficiente, por no corresponderme, por no darme lo que “yo” quería… y por tantas otras cosas por las que me he empeñado en sentirme víctima durante estos últimos años.

Sin necesidad de que me explicara nada, sin necesidad de que tuviéramos que hablar expresamente de la historia que tuvimos, he podido entender que lo nuestro fue bonito tal cual pasó, que nos quisimos aunque la relación fuera complicada, poco convencional y un absoluto desastre. Comprendí lo diferentes que somos, y cuan diferente es nuestra forma de acercarnos al amor. Él lo hace de una forma escéptica, práctica y tranquila Yo lo hago de una forma apasionada, desbocada, como un huracán que lo remueve todo a su paso. Sin embargo, hoy entendí que las diferentes formas de entender el amor, y de acercarnos a las relaciones, no determinan la cantidad de ese amor que nos hemos entregado. Por fin he entendido cuanto me quiso, he entendido que si él fue importante para mí, yo también lo fui para él.

Hoy, al fin, he dejado de ser la víctima de aquella relación, y he pasado a ser simplemente una de sus protagonistas.
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